
Afinal não é proibido conduzir de chinelos. Não sei se me sinto aliviado mas ter o "trabalho" de calçar os sapatos para fazer 100km em plena auto-estrada e no Verão faz-me sentir incómodo.

Un recuerdo, una infancia, una persona, un reloj y el aprecio que le tendré toda la vida...
Las agujas cambian, pero el tiempo, ese, de tan relativo, efectivamente no lo veo... a penas mis arrugas y la cicatriz de mi memoria que ya no tiene tiempo para filosofar sobre el tiempo. Quería decir cronos, ¿pero que mal existe en una redundancia?
Madre mía, ¡cómo me identifico con esta canción! Ya la conocía desde hace un par de años, pero, hace muy poco he vuelto a escucharla con más atención y, cosas de la vida, me parecía la banda sonora de mi vida… la comparto con vosotros.

Mundet en esta versión en cómic de El capitán Alatriste, primera novela de la saga. Carlos Giménez, el autor y guionista más importante del cómic español en las últimas décadas, se ha encargado de la adaptación fiel de un texto que, por su rigor histórico, su frescura y su acción imparable, ha sido equiparado a las mejores novelas del género".
¿Sabéis una cosa? Cuándo yo he visto esta imagen, pensé que cada día que pasa el cómic es cada vez más algo de verdadera importancia cultural. Fijaos en este tipo de protesta, original, peculiar, que pone un bocadillo de pensamiento en una cabeza que ha gobernado España durante un par de años. Con bigote, o sin él, Aznar es un personaje que cuando abre la boca, como se dice en el país donde nací, o sale mierda o entra una mosca cojonera. Y habla él de Obama como un exotismo histórico…
“El Jueves” ya se encargó muchas veces en caricaturar este hombre… no perderé más tiempo.
¡Qué libro! Creo que me esperaba en el escaparate de esa librería de Santiago… de hecho fue un regalo de cumpleaños, pero este libro, traducido por Gonzalo Jiménez de la Espada, profesor de español en Tokio entre 1907 y 1917, tiene unas hermosas ilustraciones de dos de los últimos maestros del ukiyo-e, Kobayashi Eitaku y Suzuki Kason.
Este libro nos lleva a un mundo mágico y eterno de samuráis, demonios y animales del bosque… Sin duda, una joya rescatada del olvido, que merece la pena por su indudable valor histórico y artístico.
“Un día salió a la mar, pero en vez de pescar un pez, ¿qué pensaréis que sacó? Una magnífica tortuga de cabeza arrugada, concha dura y cola pequeñita.
Debo advertiros (pues probablemente no lo sabéis) que las tortugas viven exactamente mil años: al menos las tortugas japonesas.”