segunda-feira, julho 06, 2015

domingo, julho 05, 2015

Oxi

Princesa de cara roupa
Princesa corcunda rota

Princesa de banquetes
Princesa de croquetes

Princesa da alta finança
Princesa matriz e herança

Princesa da moeda única
Princesa sem uma única moeda

Povo que se vê Grego
Sem Pão

Penélope a fiar barato o destino
Ulisses perdido num mar de dividas
A flutuar à deriva e sem divisas.

Depois de tantos trabalhos
Hércules manda Hera pró caralho

Endireita as costas vergadas
(Humilhada por humilhada)
Ostracizada de 18
E feita num oito
Mas a Grécia
Berço da democracia consultado.
Sim ou não.

Os gregos, que baptizaram a filha
De Agenor e de Telefasa
A quem chamaram
Europa, 
Disseram 
Não.
Eu que sou neto de Helena
Acredito que temos que saber dizer
Oxi.

E agora?
Uma nova aurora?
Não.
É apenas mais um capítulo,
Mais um parágrafo na história
Desta Europa
Que já não cai na canção do bandido...

sexta-feira, junho 19, 2015

segunda-feira, junho 15, 2015

Esses loucos baixinhos (Joan Manuel Serrat)

Com uma tradução, de uma canção de Joan Manuel Serrat, sinto em português aquilo que não fui capaz de escrever. Os meus loucos baixinhos…

Esses loucos baixinhos (Joan Manuel Serrat)

Com frequência os filhos parecem-se connosco
e assim nos dão a primeira satisfação;
esses que se mexem com os nossos gestos,
agarrando-se a tudo quanto há ao seu redor.

Esses loucos baixinhos que se erguem
com os olhos abertos de par em par,
sem respeito por horários nem por costumes
e aos que, por seu bem, (dizem) há que domesticar.

Menino,
deixa já de chatear-me com a bola.
Menino,
que isso não se diz,
que isso não se faz,
que isso não se toca.

Carregam com os nossos deuses e o nosso idioma,
com os nossos rancores e o nosso porvir.
Por isso nos parece que são borracha
e que lhes bastam os nossos contos
para dormir.

Empenhamo-nos em orientar as suas vidas
Sem saber o ofício e sem vocação.
Vamos-lhes transmitindo as nossas frustrações
com o leite morno
e em cada canção.

Nada nem ninguém pode impedir que sofram,
que os ponteiros avancem no relógio,
que decidam por eles, que se enganem,
que cresçam e que um dia
nos digam adeus.
[trad. Luis Leal]




Boss AC












sábado, junho 13, 2015

Moñino Times nº9 (ISSN 1699-9509)

Projectos deste tipo, com poucos meios, organizados e desorganizados por programas e currículos por cumprir, alterados hormonalmente, ingenuamente vanguardista e adolescente, têm tanto mérito como outras revistas culturais e literárias que por aí circulam.
Para mim, é uma honra colaborar num espaço escrito que poderá conter os grandes nomes da letras do amanhã. Apenas sou mais um dos que participaram nesta edição da Moñino Times nº9, com as hormonas um pouco mais organizadas, talvez, mas sei que este projecto não seria o mesmo sem um grande Antonio Carrasco e uma enorme Marta López. Obrigado por me ajudarem a acreditar que vale a pena! (E não é que o Pete Seeger começou a assobiar o "hino da alegria"!)





terça-feira, junho 09, 2015

Ensayo de presentación del libro “Pessoa y España” de Antonio Sáez Delgado

No hay intelectualidad, ni generación que aspire a dicho status, que no se haya reunido alguna vez en un espacio de tertulias, con ese ambiente improvisado, o, en la peor de las hipótesis, emulado.

De país para país, de clima en clima, de latitud en latitud, las cabezas que se asumían pensantes interpretan su instante a partir de mesas de cafés, barras de bares o para quórums extasiados de cervecerías como lo hacía un señor alemán con un bigote raro.

Su presencia se hacía pública, se firmaban manifiestos, se redactaban versos, se daban discursos, el presente se peleaba con el pasado en revistas y libros, pero nacían movimientos, vanguardias y revoluciones tan comprometidas con ismos como con egos.

Hace exactamente 100 años, en 1915, en el reducto urbano de Lisboa, una brillante generación ganó un nombre de revista, la misma que albergaba su interpretación del tiempo presente, que el proprio tiempo convirtió en estética y marco fundamental de la historia de la literatura portuguesa. Mejor, me retracto de la afirmación anterior, simplemente diciendo de la literatura, consciente del peso universal que la palabra tiene.

Cien años, un siglo, es la huella que la revista Orpheu tiene para la literatura y filosofía del siglo XXI. Cien años con el futurismo de Almada Negreiros convencido por su anti-Dantismo que lo acercaba bastante a España: “Si Dantas es portugués, yo quiero ser español”. Cien años con Mário de Sá-Carneiro, deprimido pero con estilo, porque si un intelectual se tiene que suicidar que lo haga en Paris. Sá-Carneiro lo hizo, seguro de la bibliografía de cinco frascos de arseniato de estricnina. Y cien años con Fernando Pessoa, multiplicado por sus aparentemente infinitos heterónimos.

Otros nombres también se encuentran connotados bajo el signo de Orpheu, pero son estos tres, con especial relevancia e interés para la figura literaria de Pessoa, que sobresalen. Nunca la problemática de otros egos, otros “yo”, hubiera surgido de manera tan original en la literatura, al punto de hacer la propia biografía del autor tan secundaria que apenas interfiere en la genialidad creativa de su obra.   

El compromiso se hizo con el arte, con las novedades emergentes de los comienzos del siglo XX. Un compromiso personal, de autor, minoritario pero contradictoriamente gregario, nunca ajeno a los medios por los que la modernidad permite divulgar una obra. A pesar del carácter mayoritariamente póstumo de la obra de Pessoa, el autor siempre reconoció importancia a todos los medios de divulgar la labor del artista.

El mérito pionero de Fernando Pessoa, así como de los cien años de la revista Orpheu, nos llega a 2015 con el peso del canon, como emperador de las letras lusas, de nostalgias o de vicios. Su noción de modernidad se hace contemporánea en una literatura que no se quiere sentir “infoexcluida”, que ya no se escribe a pluma, de pie apoyada a una cómoda de insomnio, pero que se bloguea o tuitea desasosegadamente en cualquier muro de una red social.

Esta analogía con el presente nos lleva a la red epistolar que llevó Fernando Pessoa a España o al revés, que creo que tampoco queda mal y que Antonio Sáez no se va a enfadar conmigo por eso, es decir, que trajo España a Fernando Pessoa.

Se sabe que el autor de los heterónimos escribió a Miguel de Unamuno presentándole el primer número de Orpheu, con “la absoluta conciencia de la originalidad y elevación”, no teniendo ningún escrúpulo en decirlo.  No hay indicios que D. Miguel le haya contestado. La generación del 98 en España sería como la generación de escritores y hombres de letras que actualmente no se mueven por la vorágine del mundo de internet, de expresión analógica, que no tienen ni tiempo ni ganas de mediar las nuevas generaciones digitales.

Sin embargo, la juventud inquieta de jóvenes poetas ultraístas de Adriano del Valle, Rogélio Buendía y Isaac del Vando-Villar, usando la terminología de cien años vueltos en el futuro, aceptaron la petición de amistad de Fernando Pessoa y, sin una recepción fulgurosa, el experimento Orpheu y el modernismo portugués llega a España. Parafraseando Antonio Sáez “nos encontramos ante uno de los momentos más apasionantes de la historia literaria en el contexto ibérico, que nos ofrece la posibilidad de utilizar una perspectiva de análisis múltiple y dinámica, que participe en paralelo de las herramientas de la historia de la literatura y de la literatura comparada”.

La analogía peca tanto de simplista como gana fuerza al ser actual, aún más si se divulga en una red social.  Todos los días se genera literatura en formatos predominantemente digitales, se desdobla en innumerables géneros, de calidad discutible y con críticas igualmente discutibles, llegando la misma a un público tan amplio que ninguna generación literaria, gregaria, libertaria, de tertulia o ermitaña podría imaginar.

Mientras leía “Pessoa y España”, me imaginaba a estos jóvenes ultraístas y al autor de los heterónimos, cuya voluntad de internacionalizar las literaturas de sus países era palpable, con la humildad de los medios con que contaban entonces, y como las circunstancias de su presente acabaron por condicionar de forma evidente la recepción de la obra de Pessoa en España.

El tiempo no estuvo de su parte entonces. Pessoa en su relación epistolar con sus congéneres españoles, mantuvo, como era típico de su persona, su genio poético y literario oculto, a pesar de su intento, algo sutil, de publicar en España.

Las circunstancias se encargan de que Pessoa fuera visto en esa relación epistolar como un crítico literario o, de manera aún más explícita, divulgador de otros autores contemporáneos suyos de la literatura portuguesa.

En “Pessoa en España” estamos ante una investigación cuidada, donde la búsqueda exhaustiva en los fondos originales por parte del investigador, con innumerables ejemplares epistolares inéditos, es evidente desde la primera página hasta la última de este libro.

Todos los capítulos son de un rigor científico asequible a cualquier tipo de lector debido a la pluma amena de Antonio Sáez, que tiene notas de pie de página igualmente placenteras como motivantes para que uno se sumerja en más aspectos interesantes de la literatura comparada.

No me cabe la menor duda de que esta era ya una publicación necesaria en el ámbito de los estudios pessoanos y de la literatura comparada, además con una característica que la hace aún más interesante, esa complicidad entre literaturas, al cual da igual el tiempo que duró, puesto que hoy es patrimonio peninsular.

Voy a usar un capítulo de este libro para presentar al autor del mismo. El capítulo 4 “Balizas para la recepción de Fernando Pessoa en España”. Quiero usar este capítulo, encerrado en la publicación de un libro, para que no se me acuse demasiado de parcialidad, de aprecio intelectual y de amistad por Antonio Sáez Delgado, puesto que el conocimiento y el ejemplo humano del autor desde mi paso por la academia son un ejemplo para mí.

Tengo una anécdota, en este contexto incluso me permito acercarme al falso amigo en portugués, que significa chiste, de mi juventud de fan de Joaquín Sabina. Antonio, en sus clases de literatura comparada, nos daba la libertad de hacer trabajos sobre los autores que quisiéramos de lengua española y yo, por aquel entonces, estaba enamoradísimo de Sabina, en especial de su “Hombre del Traje Gris”.

Javier Menéndez Flores en la biografía de Sabina, “Joaquín Sabina – Perdonen la Tristeza”, hace referencia, o recolecta, textos de gente de la intelectualidad de entonces y, un periodista, de cuyo nombre no quiero acordarme, hace una referencia descontextualizada de una amistad con James Joyce.  Mi falta de preparación, de conocimiento, mi ingenuidad mezclada con seudointelectualidad, además sin el acceso a la red que nuestro presente nos permite para contrastar, de inmediato, fechas y datos, me hicieron hacer referencia a tal barbaridad en mi cándido ensayo sabiniano.

Antonio, al revés de lo que era una tendencia en la academia de entonces, podía haberse mofado de la estupidez de su alumno. Todo lo contrario. Como los grandes maestros me enseñó que hay que hacer la distinción entre conocimiento y opinión, entre estudios literarios y periodismo. No se rió de mí, como podía haber hecho (y me merecía que lo hubiera hecho), pero se rió conmigo.


Por eso vuelvo al capítulo 4, a las balizas de la recepción en España, donde el autor habla de todos los nombres que acercaron diacrónicamente la figura literaria de Pessoa a España. Menciona y dignifica el trabajo de todos, pero se olvida de uno. Uno de los grandes. El suyo. Pasados quince años, es un honor poder estar aquí, a su lado, y reírme con él de tan grotesca laguna. 

Luis Leal Pinto

domingo, maio 31, 2015

Pessoa em Badajoz

São poucos os que associam a figura de Fernando Pessoa a Espanha e à sua literatura, no entanto a vida do autor dos heterónimos esteve pontuada por encontros e desencontros com a nação irmã e com alguns dos seus escritores.
Oitenta anos após a morte de Pessoa, e no centenário da publicação da revista Orpheu, o reconhecido professor da Universidade de Évora, escritor, poeta e tradutor, Antonio Sáez Delgado, apresenta o seu mais recente livro em espanhol, dedicado a esta breve mas interessante relação, “Pessoa y España”.
Esta iniciativa realizar-se-á no dia 9 de junho, pelas 20:00, na Diputación de Badajoz, e contará com apresentação de Luís Leal Pinto, docente de língua e literatura portuguesa no IES Rodríguez Moñino da cidade pacense.
Nas palavras de Antonio Sáez Delgado, tradutor de inúmeros autores portugueses para espanhol, como Fernando Pessoa, António Lobo Antunes, Manuel António Pina, José Luís Peixoto, entre outros, “encontramo-nos perante um dos momentos mais apaixonantes da história literária no contexto ibérico”.

sábado, maio 30, 2015

O legado de Wilhelm Mauser

"Com a mauser agarrada pela fuste, a culatra puxa-se para a retaguarda. Aberta, introduz-se a munição na câmara. Da retaguarda, avança-se a culatra para a posição que coloca mais a fundo o projéctil. Fecha-se a arma e, no interior, o ferrolho oculta o segredo de que está carregada. Repete-se, rotina-se, o movimento para mais cinco balas. O som metálico, cúmplice do invólucro de cobre e níquel, não mata mas ecoa tanto ou mais a morte que muitos disparos."

quarta-feira, maio 27, 2015

Quando menos esperamos, atazana-nos a angústia: espanhol em Portugal, meio português em Espanha.

Passar meia semana em Espanha e meia semana em Portugal tem as suas vantagens. Também as tem atravessar cada dia a fronteira para regressar e dormir no país onde nasceram os teus pais. Compro o pão, as frutas, o café e os legumes em Portugal. O leite, os frutos secos e os rebuçados em Espanha. Um tipo imagina-se a fazer com prazer aquilo que antes se chamava traficar: levar de um lado para o outro o melhor de cada sítio. As recordações são também outras formas de tráfico. De cada lado levamos, sem passaporte nem explicações, aquilo que mais gostamos. Posso trazer para minha casa um perfume do outro lado da fronteira dentro do meu carro, ou uma laranja amarga e cheirosa das árvores da universidade, ou alguma mosca viajante e monterrosiana que entra no meu carro ao montar-me em Évora e que conduzo com cuidado até Badajoz, para dar-lhe liberdade mal paro o veículo e abro a janela. Traficamos recordações, traficamos memória. É verdade que acabamos por sentir-nos bem em qualquer sítio, isso é tão certo como que acabamos por sentir-nos mal em todas as partes. Quando menos esperamos, atazana-nos a angústia: espanhol em Portugal, meio português em Espanha. O medo é o polícia da consciência.   

Antonio Sáez Delgado, in “En Outra Patria”, p. 26 e 27.
[trad. Luis Leal]

segunda-feira, maio 25, 2015

Estou, já há muitos anos, matematicamente convencido de que quem menos tem tende a ser proporcionalmente mais generoso do que os que mais têm.

Estou, já há muitos anos, matematicamente convencido de que quem menos tem tende a ser proporcionalmente mais generoso do que os que mais têm. Seja o bem que for e sem qualquer interesse de reciprocidade.
Hoje foi-me relembrado pelo tempo bordado de uma idosa que, sem me conhecer de nenhum sítio, decidiu obsequiar ao meu filho o que poderia ter vendido para paliar a sua escassa reforma. 
Para mim, não há relativismo algum nesta equação. Pontuo-a com gratidão, pois nada do que escreva, ou sinta, se compara à generosidade das suas mãos.
Envergonha-me que com tantas contas e tantos números, calculadoras e Excel, se continue com tantos problemas com esta disciplina, mais humana do que alguns a apelidam.

domingo, maio 24, 2015

«Marinheiro», Sophia de Mello Breyner Andresen,

Sophia de Mello Breyner Andresen, «Marinheiro», 'Poesia MCMLVIII' [pastinhas da queima das fitas], org. Campos de Figueiredo, Coimbra, 1958
col. Luís Amaro
(in facebook de Luís Manuel Gaspar)

sexta-feira, maio 15, 2015

Um cabelo só. Náufrago num prato.

Encontra-se um cabelo na comida. Cabelo escuro num arroz branco. Puxa-lo com pontas de indicador e polegar nauseadas de uma mão direita com vontade de vomitar. Estica-se na borda do prato, um tanto ou quanto curvado pela humidade do molho e alourado pelos temperos.
Encontra-se na comida um cabelo. Na refeição uma fronteira. Salta-se ilegal a etiqueta do bem-servir, das boas maneiras de talheres de carne e peixe e copos altos, elegantes de pé e cristal, para bebidas espirituosas mas alheias à sede do copo baço. 
Risca-se a ponta da faca na cerâmica do prato, aparta-se o indesejável pêlo, quase de certeza oriundo do próprio cocuruto, para despojos de balde plástico oculto dentro de armário da cozinha desconstruída. Do precipício salva-se o alimento e, talvez, um pouco mais do alento que embacia o espelho.
Senta-se enojado com a vontade de deixar que o asco triunfasse, se edificasse em arco e esquecesse a fome, com a arrogância de que não tem importância.
O arroz acomoda-se com a folha da faca. Primeiro ajeitam-se os lados, depois por cima. Sobe-se o garfo à boca e engole-se o alimento de que se dispõe. Enjoado de um eu. Não de um cabelo qualquer, só, cuja sorte o fez náufrago num prato de comida.