Ser amable - Luis Leal
La primera mirada desde la ventana por la mañana, el viejo libro reencontrado, rostros entusiasmados. Nieve, el cambio de estaciones. El periódico, el perro, la dialéctica. Ducharse, nadar. Música antigua. Zapatos cómodos. Comprender. Música nueva. Escribir, plantar. Viajar, cantar. Ser amable.
Si lo vemos bien, este primer párrafo podría ser, perfectamente, una lista de pequeñas satisfacciones. Un inventario que deberíamos hacer con más frecuencia y que, si hacemos las cuentas, está repleto de cosas que no son caras o son peligrosamente gratis. Sin embargo, lo único que es mío en este párrafo, tan simple como reconfortante, es la traducción y adaptación de la sintaxis al portugués de la versión española del original alemán del poema Placeres, de Bertolt Brecht.
Que mi estimado lector no se preocupe por esta apropiación de tercera mano. Seguro que el dramaturgo y poeta alemán, al listar estos versos, lo hizo sin ningún sentimiento de exclusividad. Cualquier poeta, digno de tal nombre, no piensa en eso. Agradece el don del primer verso de un poema que brota en generosa reciprocidad.
La verdad es que si, en este preciso momento, tuviera que apropiarme del poema, cambiaría pocas cosas. ¿Por qué no atreverme y, quién sabe, encontrar algunas de las emociones que últimamente se me han escapado? ¿Me acompaña en una lista paralela? ¡Vamos allá!
Placeres por Luis Leal:
Subir la persiana por la mañana, el libro subrayado, sonrisas en el rostro. Temperatura templada, la existencia de cuatro estaciones. La revista, el perro, las gatas, los niños, Byung-Chul Han. Ducharse, andar en bicicleta. Música antigua. Pies descalzos. Comprender. La buena recomendación musical. Escribir. Tener agua para regar. Flanear. Abrazar. Ser amable.
Si esto no fuera una reflexión hecha crónica, mi estimado lector bien podría acusarme de falta de originalidad rozando el plagio. Asumo ese hecho, con humildad y sin discusión. Sin embargo, a medida que veo pasar los años, cada vez estoy más convencido de que deberíamos plagiar el último verso de Brecht, el de “ser amable”.
Tengo fe en que esa es la verdadera fórmula para un mundo mejor. Buenos días, buenas tardes, hola, gracias, de nada, con permiso, por favor, etc. Un día con amabilidad mejora cualquier existencia, aunque sea por unos segundos. Parece que eso, como el lobo ibérico, está en peligro de extinción y hasta se confunde con “micromachismos”. Al parecer, según un artículo pretenciosamente feminista, el simple hecho de que yo abra la puerta a una mujer y le ceda el paso me convierte en micromachista. Como también lo hago con hombres y, el otro día, incluso lo hice con el caniche de mi vecina, debo de tener otro nombre. Tal y como va el mundo hoy en día, no me atrevo a decir educado.
Cuando la sociedad moderna, tan rápida como despistada, nos transmite que lo tenemos todo garantizado, palabras o expresiones como “agradecido”, “grato” o “muchísimas gracias” se relegan a cultismos. Es una pena, porque si reducimos la velocidad a la que vivimos, veremos que la amabilidad y la gratitud se pasean por esta vida de la mano y con buen rumbo.
Es muy raro que deje una crónica de Mais Alentejo para última hora, pero confieso que esta fue redactada en el deadline que António Sancho nos permite antes de enfadarse en “furia verde”(1), pues jamás permitiría ponerse de otro color. Clubismos aparte, seguro que mi estimado lector ya se ha dado cuenta de que tiene entre manos el ejemplar nº 150 de un viejo sueño de nuestro director, de nuestro António Sancho. Una quimera hecha realidad que ya ha alcanzado la mayoría de edad de un proyecto competente, de calidad sin fronteras regionales y que, desde hace tiempo, también es conocido en el país donde habito y escribo estas palabras: España.
¿Qué puedo decir más allá del agradecimiento por formar parte de este ilustre equipo de Mais Alentejo? Poco o nada. Solo comparto cómo es recibir la revista cada vez que acaba de ser editada. Con placer. Uno de esos pequeños grandes placeres que junto a mis versos robados a Brecht.
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