terça-feira, julho 22, 2014
...
Esta foto, de um polémico grafitti Lisboeta, tem 5 anos e foi obturada à saída de um qualquer metro que apanhei. Hoje encontro-a no baú digital tristemente atual. Será que não aprendemos mesmo nada com a história?
quinta-feira, julho 17, 2014
quarta-feira, julho 16, 2014
Word Written World
Se não há espaço evidente,
folhas em branco, passagens por inventar, espera, olha em teu redor, entende as
limitações das tuas intenções e o passado que levas às costas.
Se não se chega lá com um
banco, não tenhas medo de subir a um escadote. Lá de cima vê-se algo mais que a
altura administrativa que tens no teu bilhete de identidade.
Continuas a ser tu, baixo se é
o caso, mas uns degraus a ver o mundo mais alto.
Pêndulo de Foucault (Deutsches Museum)
Um pêndulo de Foucault... sem o Umberto Eco. "A originalidade do pêndulo reside no fato de ter liberdade de oscilação em qualquer direção, ou seja, o plano pendular não é fixo". Passar-se-á o mesmo com o ser humano? A terra girará em seu torno?Não me parece mas quer-me parecer.
segunda-feira, julho 07, 2014
A curiosidade não matou o gato.
A curiosidade não matou o gato.
Isso é uma falsidade feita naturalmente facto
Para que ratos não se misturem contranatura com gatos.
Frase feita farsa
De labor forçado, fechado em cobaia de laboratório,
Ou de holocausto cinza de crematório.
Ou de bibliotecas ateadas pelo fervor inquisitório
Da ideologia dominante do dia.
Curiosidade não mata. Iniquidade sim.
E há labirintos, arames farpados, electrificados,
Que contêm a miséria roedora apenas nos esgotos.
Mas há ironia na fértil demografia andrajosa que rebenta
em contenda
Musculada em carne de canhão de ratazana africana ou da
China, pelos vistos, comunista.
[Manipula-se o rato na alcatifa em forma maçã de Wall
Street
O gato persa de traje europeu, deslembrando o seu perfil egípcio
Ao usar nó inglês no pescoço da gravata].
Alcantarilhas à pinha,
A rebentarem de curiosidade enfática e de condição
estática…
“Como é que será ascender a gato?”
A inconveniência chega à costa a bordo de improvisados destroços
do asseio felino
Boiando à deriva da vontade de provar queijo manchego, do
Loire, ou apenas pão e não
Sobras feita caridade descartada, vomitada em pêlos farta
Pelo gato de morte certa pela oportunidade da curiosidade…
À rataria resta restos e gritaria.
Emigraria com papéis verdes se pudesse
Para onde de curiosidade se morresse.
Ou, já que se é manipulado, que seja em tapete vermelho
deslizando
Modernidade de braço dado com um bom teclado.
À falta de indiscreta sorte,
Morre-se de fome e de E-605 forte.terça-feira, julho 01, 2014
“O Culto do Chá” de Wenceslau de Moraes
“O Culto do Chá” de Wenceslau de
Moraes é um pequeno grande livro que se recomenda pelo aroma, pela leveza da
infusão e pelo “vago discorrer da alma sonhadora…”
“Mais do que isto: a alma das
coisas, o que de inexplicável e de subtil parece emanar de um conjunto qualquer
onde os olhos poisem – tranquilidade das sombras, arrogância de um tronco,
ternura das relvas… - devia ressaltar sugestivamente do jardinzinho japonês,
imprimir-lhe um carácter, uma filosofia, acordando na mentalidade dos
visitantes um sentimento de paz, de triunfo, de saudade… “. in p.33, “O Culto do Chá”, Wenceslau de
Moraes (1905).
domingo, junho 29, 2014
Tema del traidor y del héroe (Jorge Luis Borges)
Sho the Platonic Year
Whirls out new right and wrong
Whirls in the old instead,
All men are dancers and their tread
Goes to the barbarous clangour of a gong.
W.B. Yeats: TheTower
Bajo el notorio influjo de Chesterton (discurridor y exornador de elegantes misterios) y del consejero áulico Leibniz (que inventó la armonía preestablecida), he imaginado este argumento, que escribiré tal vez y que ya de algún modo me justifica, en las tardes inútiles. Faltan pormenores, rectificaciones, ajustes; hay zonas de la historia que no me fueron reveladas aún; hoy, 3 de enero de 1944, la vislumbro así.
La acción transcurre en un país oprimido y tenaz: Polonia, Irlanda, la república de Venecia, algún estado sudamericano o balcánico... Ha transcurrido, mejor dicho, pues aunque el narrador es contemporáneo, la historia referida por él ocurrió al promediar o al empezar el siglo XIX. Digamos (para comodidad narrativa) Irlanda; digamos 1824. El narrador se llama Ryan; es bisnieto del joven, del heroico, del bello, del asesinado Fergus Kilpatrick, cuyo sepulcro fue misteriosamente violado, cuyo nombre ilustra los versos de Browning y de Hugo, cuya estatua preside un cerro gris entre ciénagas rojas.
Kilpatrick fue un conspirador, un secreto y glorioso capitán de conspiradores; a semejanza de Moisés que, desde la tierra de Moab, divisó y no pudo pisar la tierra prometida, Kilpatrick pereció en la víspera de la rebelión victoriosa que había premeditado y soñado. Se aproxima la fecha del primer centenario de su muerte; las circunstancias del crimen son enigmáticas; Ryan, dedicado a la redacción de una biografía del héroe, descubre que el enigma rebasa lo puramente policial. Kilpatrick fue asesinado en un teatro; la policía británica no dio jamás con el matador; los historiadores declaran que ese fracaso no empaña su buen crédito, ya que tal vez lo hizo matar la misma policía. Otras facetas del enigma inquietan a Ryan. Son de carácter cíclico: parecen repetir o combinar hechos de remotas regiones, de remotas edades. Así, nadie ignora que los esbirros que examinaron el cadáver del héroe, hallaron una carta cerrada que le advertía el riesgo de concurrir al teatro, esa noche; también Julio César, al encaminarse al lugar donde lo aguardaban los puñales de sus amigos, recibió un memorial que no llegó a leer, en que iba declarada la traición, con los nombres de los traidores. La mujer de César, Calpurnia, vio en sueños abatida una torre que le había decretado el Senado; falsos y anónimos rumores, la víspera de la muerte de Kilpatrick, publicaron en todo el país el incendio de la torre circular de Kilgarvan, hecho que pudo parecer un presagio, pues aquél había nacido en Kilgarvan. Esos paralelismos (y otros) de la historia de César y de la historia de un conspirador irlandés inducen a Ryan a suponer una secreta forma del tiempo, un dibujo de líneas que se repiten. Piensa en la historia decimal que ideó Condorcet; en las morfologías que propusieron Hegel, Spengler y Vico; en los hombres de Hesíodo, que degeneran desde el oro hasta el hierro. Piensa en la transmigración de las almas, doctrina que da horror a las letras célticas y que el propio César atribuyó a los druidas británicos; piensa que antes de ser Fergus Kilpatrick, Fergus Kilpatrick fue Julio César. De esos laberintos circulares lo salva una curiosa comprobación, una comprobación que luego lo abisma en otros laberintos más inextricables y heterogéneos: ciertas palabras de un mendigo que conversó con Fergus Kilpatrick el día de su muerte, fueron prefiguradas por Shakespeare, en la tragedia de Macbeth. Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible… Ryan indaga que en 1814, James Alexander Nolan, el más antiguo de los compañeros del héroe, había traducido al gaélico los principales dramas de Shakespeare; entre ellos, Julio César. También descubre en los archivos un artículo manuscrito de Nolan sobre los Festspiele de Suiza: vastas y errantes representaciones teatrales, que requieren miles de actores y que reiteran episodios históricos en las mismas ciudades y montañas donde ocurrieron. Otro documento inédito le revela que, pocos días antes del fin, Kilpatrick, presidiendo el último cónclave, había firmado la sentencia de muerte de un traidor, cuyo nombre ha sido borrado. Esta sentencia no condice con los piadosos hábitos de Kilpatrick. Ryan investiga el asunto (esa investigación es uno de los hiatos del argumento) y logra descifrar el enigma.
Kilpatrick fue ultimado en un teatro, pero de teatro hizo también la entera ciudad, y los actores fueron legión, y el drama coronado por su muerte abarcó muchos días y muchas noches. He aquí lo acontecido:
El 2 de agosto de 1824 se reunieron los conspiradores. El país estaba maduro para la rebelión; algo, sin embargo, fallaba siempre: algún traidor había en el cónclave. Fergus Kilpatrick había encomendado a James Nolan el descubrimiento de ese traidor. Nolan ejecutó su tarea: anunció en pleno cónclave que el traidor era el mismo Kilpatrick. Demostró con pruebas irrefutables la verdad de la acusación; los conjurados condenaron a muerte a su presidente. Este firmó su propia sentencia, pero imploró que su castigo no perjudicara a la patria.
Entonces Nolan concibió un extraño proyecto. Irlanda idolatraba a Kilpatrick; la más tenue sospecha de su vileza hubiera comprometido la rebelión; Nolan propuso un plan que hizo de la ejecución del traidor el instrumento para la emancipación de la patria. Sugirió que el condenado muriera a manos de un asesino desconocido, en circunstancias deliberadamente dramáticas, que se grabaran en la imaginación popular y que apresuraran la rebelión. Kilpatrick juró colaborar en este proyecto, que le daba ocasión de redimirse y que rubricaría su muerte.
Nolan, urgido por el tiempo, no supo íntegramente inventar las circunstancias de la múltiple ejecución; tuvo que plagiar a otro dramaturgo, al enemigo inglés William Shakespeare. Repitió escenas de Macbeth, de Julio César. La pública y secreta representación comprendió varios días. El condenado entró en Dublín, discutió, obró, rezó, reprobó, pronunció palabras patéticas, y cada uno de esos actos que reflejaría la gloria, había sido prefijado por Nolan. Centenares de actores colaboraron con el protagonista; el rol de algunos fue complejo; el de otros, momentáneo. Las cosas que dijeron e hicieron perduran en los libros históricos, en la memoria apasionada de Irlanda. Kilpatrick, arrebatado por ese minucioso destino que lo redimía y que lo perdía, más de una vez enriqueció con actos y palabras improvisadas el texto de su juez. Así fue desplegándose en el tiempo el populoso drama, hasta que el 6 de agosto de 1824, en un palco de funerarias cortinas que prefiguraba el de Lincoln, un balazo anhelado entró en el pecho del traidor y del héroe, que apenas pudo articular, entre dos efusiones de brusca sangre, algunas palabras previstas.
En la obra de Nolan, los pasajes imitados de Shakespeare son los menos dramáticos; Ryan sospecha que el autor los intercaló para que una persona, en el porvenir, diera con la verdad. Comprende que él también forma parte de la trama de Nolan... Al cabo de tenaces cavilaciones, resuelve silenciar el descubrimiento. Publica un libro dedicado a la gloria del héroe, también eso, tal vez, estaba previsto.
Jorge Luis Borges
Ficciones (1941)
sexta-feira, junho 27, 2014
O cimento renega à chuva pretensões de infiltra-se na sua essência concreta.
In a weat morning with Jack
London.
O cimento renega à chuva pretensões de infiltra-se na sua
essência concreta.
Fá-lo veemente, assertivo na sua mestiçagem de duas pás
de areia e uma de cimento.
O seu argumento é interrompido por um conselho de Jack
London:
- Sai. Não te preocupes. Um livro encharcado conheceu algo
mais que o bolor da biblioteca.
Viro página. Dobro ponta e situo a cabeça na cinzenta boina
seca.
O papel assente à chuva o desejo de entranhar-se no seu
ser por concretizar-se.
IV/2014
quinta-feira, junho 26, 2014
Há sinceridade nos sentidos. O olfacto tem memória e existe uma história e geografia dos cheiros.
A carrinha
do centro de dia era velha e cheirava a velho. Uma Bedford que o Sr. Silva
conduzia a meias com tantos outros voluntários do volante que dava voltas à
cidade de Évora e arredores para depositar a noite de vários idosos que ali
àquela instituição, por tantos motivos, foram parar. Houve outras carrinhas,
mas é desta que eu particularmente me lembro, com ar condicionado pelo
exterior, mais ainda quando se tem pouco, mais ou menos, de catorze anos.
Há um
cheiro a velho nas pessoas. Sei que é uma frase cruel para as sensibilidades
assépticas do século XXI, em que a juventude está nas teclas de um smartphone,
num deslizar digital de uma rede social ou na imortalidade de uma selfie.
Velho. Adjetivo que caracteriza a acumulação de tempo.
Havia um
cheiro de acumulação de tempo naquele sítio onde passei tantas horas, por
tantos motivos que iam para além do facto de a minha mãe lá trabalhar. Nunca me
desagradou, e reconheço que muitas vezes fui obrigado a ir ajudar, quer por
imposição familiar, quer por obrigação de dar o exemplo ao receber os trocos dos
programas ocupacionais do IPJ. Eram 15 contos e com eles abri uma conta,
comprei roupa da moda, ténis de marca registada e bandas desenhadas. Era exigência
familiar, maternal, que, em passados imperfeitos, conjugados com circunstâncias
de dias que já passaram, hoje agradeço.
Gosto do
cheiro do tempo. Gosto do cheiro a velho. Conheci-o primeiro e reconheci-lhe
valor quando ainda quase não deixara os cueiros, ou entrara levemente na idade
do suor adolescente, do “bacalhau sueco”, como a minha irmã gostava de dizer,
ou do olor de quem recentemente descobriu os trabalhos manuais com a ajuda de páginas
concretas de revistas ou de cassetes de vídeo gastas sítios específicos.
Há
sinceridade nos sentidos. O olfacto tem memória e existe uma história e geografia
dos cheiros. Hoje voltei a levantar-me cedo, antes de ir para a escola, fui
fazer a volta da carrinha do centro. Quem me esperava era o Ti Veladas, o
motorista de turno.
Pelo
caminho, com a mochila, cheia de livros e com uma t-shirt para pôr no cacifo,
entre mim e o Ti Veladas, fui buscar o Ti Zé da Burra que se riu velhaco de mim
e me perguntou se já fodia. A Ida, que catrapiscou o Coelho porque tem um
mata-velhos que a levará aos sonhos de passeios e noites de companhia lá para
os lados de S. José da Ponte. O Macarrão que me mostrou pela primeira vez o que
é ter um AVC. O Ti Manel, cuja filha me costurou uma alva para que me sentisse,
ou ela, mais perto de deus. A mãe do Malato que me confessou nunca dera um
peido na vida, porque provavelmente o marido deu-os todos por ela, evitando-se
assim as suspeitas. E o Sr. António Campaniço. O manco socialista que idolatra
o Dr. Mário Soares, que me ensinou, com espectativas de que eu viesse a ser um
jovem mais culto, a não dar os meus sentimentos a ninguém, porque são meus, e
sim o pêsame de que se chegou ao final da vida. Já cá não está, a mulher morreu
sem filhos e ele deve ter tido vaga no Barahona. Terá ficado com a convicção do
meu socialismo. Espero que a tenha. Merece-a. Não sou socialista, mas sou um
presente que o sente e o guardo para mim, como aquelas lágrimas que derramou
quando os nazis ocuparam Paris.
Já estão
todos no centro. Ajudei-os a descerem da carrinha, mãos nas mãos, apoiados nos
meus antebraços, uma gratidão acompanhada de um sorriso que me tocou com a
epiderme enrugada. Já estão todos entregues.
Vou para a
escola. Alguma coisa mudou. Já não estou sentado ao lado da Tânia, nem da
Carla. Caio em mim e sou professor. Abrimos os livros, escrevemos a giz a data,
uno um fio condutor com a aula passada. (Os meus alunos nunca saberão que há um
fio que me une a uma carrinha Bedford, a um centro de dia, às voltas e voltas
num novelo de vidas velhas, hoje mortas, a um cheiro que não é nostálgico, nem
saudoso. Duvido que eles queiram saber. Para eles, 34 anos é um número que vai
para velho e o tempo não é coisa que os preocupe no seu tempo).
Apago a giz
a data. Volto da escola e faço a volta de regresso a casa. Só tenho um
passageiro e não vamos de Bedford. Vamos a pé. Tem três anos e é meu filho.
Ainda cheira e bebé. Ainda não acumulou tempo suficiente. Qualquer dia apanhamos a carrinha...
sexta-feira, junho 20, 2014
Troika e 25 de Abril (André Carrilho)
Saída limpa
25 de Abril, 40 anos
André Carrilho is a designer, illustrator, cartoonist, animator and caricature artist, based in Lisbon, Portugal.
He has won several national and international prizes and has shown his work in group and solo exhibitions in Portugal, Spain, Brazil, France, Czech Republic and USA.
(Dados da sua página em Flickr. A sua galeria)
He has won several national and international prizes and has shown his work in group and solo exhibitions in Portugal, Spain, Brazil, France, Czech Republic and USA.
(Dados da sua página em Flickr. A sua galeria)
terça-feira, junho 10, 2014
Manhã de sábado.
Levanto-me da semana. Descalço
em junho frio e com os óculos por pôr na cara levada pela almofada. De um lado
o sono de uma esposa que repousa e é melhor não acordar para uma rotina cansada
da espertina madrugadora. Pode ter uma consequência mal-humorada. Do outro,
ainda silencioso, o dormir a brincar do meu filho sem léxico de colégio. O silêncio
da casa é impossível pelos acervos de brinquedos e pelos livros soltos
patrulhados por gatas que lambem patas. Levanto-me para o papel. A noite deu-me
sonho e a madrugada pôs-me uma nota no bolso. Tenho de a ler antes que vá à
máquina de lavar, como tantas outras notas, bilhetinhos discretos, que a vida me
dá e apenas se estilhaçam na algibeira. Saboreio o hálito do hábito das manhãs
sentado na mesa onde escrevo. No entorno do computador tenho um torno. Vermelho.
Enroscado na madeira. Aqui aperto palavras. Ligeiramente aperto para a direita.
Alivio algo, caso sinta queixa do que se aperta. As palavras também se serram,
se limam, se fresam. E continuam iguais. Palavras. Tal como a madeira ou o
metal. Sinto-me um artesão sempre que uso as minhas mãos. Sou feliz ao
pensar-me assim. Do outro lado ouço lençóis que falam com um fungar no nariz.
Oiço uma chupeta que me chama papá. Desaperto o torno e solto a manhã.
Vou fazer café.
7/VI/2014
domingo, junho 08, 2014
William Roberts - Bicycle Boys (1939)
Temáticas:
Artes Plásticas,
Bicicletas
terça-feira, junho 03, 2014
Arregaçada manga
Arregaçada manga
Queimado suor no
antebraço
Descobre cicatrizes
que já não se esforçam por se ocultar.
Actrizes de um palco duro,
Aberto a pulso e machadada,
Dessas que nunca serão premiadas
Nem com um fútil aplauso de gala.
Descobre-se o tempo no mecanismo,
Aberto no botão de punho do empirismo.
As mãos, em pontas de dedos com espinhas saídas de cima
De unhas feridas, abrem a fivela do passado tapado num
relógio.
As lâminas distinguidas, arremangados fantasmas do meu desígnio,
do dia do meu suicídio.
(Thinking
of Tom Joad)
sábado, maio 24, 2014
O Pássaro
[Com herança de caçador que tenho, com as armas que sei manejar, este tentei salvá-lo.
Tentei mesmo. Talvez tivesse sido melhor ter a coragem de lhe dar um tiro.]
O Pássaro
O pássaro entrou na biblioteca
Fugido da incerteza da natureza do mês de maio.
Da intempérie abrigou-se pelas várias estantes,
Adoptado ao cuidado dum livro,
Antigo de história e de fotografias,
Do seu exterior convicto de biologia.
Passaram-se os dias e a ave viu
O sol raiar nos atris extremos de oriente.
Olhou ao seu redor. De Baroja despediu-se com um pio
Agradecido. Reconheceu a León Felipe a realeza.
Súbdito de versos e orações de caminhante,
Fizera ninho num cantinho dedicado à lira.
E como se Deus o quisera, vislumbrou o horizonte
Nascente. A poente ficava o legado dos seus mestres.
Ligeiro voou, consolado que voava abrigado
Pelo bater das páginas dum outrora silencioso albergue.
Voou, voou. De árvores apenas via o seu papel
Duma janela transparente de barreira entre ele
E os seus.
As penas livres de movimento, mas de liberdade barrada por um vidro.
Acalmou suas penas, voou, do desânimo à confiança, à secção dos atlas
E encontrou na geografia um erro de ortografia e não de cartografia.
Pôs para trás das asas o fascínio das prateleiras que o abrigaram.
Pousou na realidade de madeira, aceitou o cansaço escapular,
Do regaço escapou-se ânimo e esperança. O toque final na asa
Deu-o ao aceitar o desespero, ignorando que o sofrimento e a dor
Não são o verdadeiro predador.
Caçador de si, esquivou chumbadas biográficas
E repousou, uma última vez, numa lombada de ficção.
Aterrou o olhar que ainda sobrevoava o corpo,
No outro lado, no cantinho onde descobrira naturalmente a poesia.
Um piar, sem lírica, expiou com pia violência
A sua alma aos campos da sua criação,
Dos seus pais, dos rios dos seus amores,
Ao vento, no qual ainda educou a voar seus filhos.
Desviveu, cansado do voar de tomo em tomo.
A direcção da saída camuflada estava. Desarrumada
Por uma pilha de livros. Morreu. Encontrei o seu cadáver
Na prateleira quando procurava “Os Jogos da Fome”.
segunda-feira, maio 19, 2014
Corporis (dedicado a José Manuel Méndez)
¿En un segmento
de un momento?
¿En el ignoto
ego despojado?
¿En una cámara
de tormento?
¿En un desnudo a
la minute?
La multitud de
versos,
Convexos y
blancos como el lienzo de la noche,
Lejano del
presente
Que grita
Que no estás.
Eres la duda.
El abismo
huérfano de ti mismo
Y del futuro
viuda de velo
Que descubre que
piel y alma
Son lo mismo.
Si la sal que
traigo en la epidermis,
Y no la estampa
de tu sudor encima de mí,
Son de lágrimas
residuos…
Que sea a blanco
y negro.
Saturada
Siento y me
siento…
Igual que tú en
cuclillas. Ausente.
Corpóreo en un
gesto
Pero con una
mirada aún por revelar.
(Foto de José Manuel Méndez, modelo Luisa Martinez)
quinta-feira, maio 08, 2014
A uma freira chamada dona Beatriz Pereira...
Gravura feita em 1792 pelo arquiteto
francês Jean-Jacques Lequeu
A uma freira chamada dona Beatriz Pereira
de Manuel Soares de Albergaria
Crescei, meu doce amor, minha Pereira,
Na devação que tendes a João,
Que inda podeis dar fruto temporão
Se acaso vos fazeis são joaneira.
Se não fora essa grade e a porteira,
Eu vos dera um enxerto de enche-mão,
Com o qual o travesso hortelão
Dá c'o ninho dávesso de uma freira.
Porém quando vos eu tal garfo der,
Haveis de dar a Amor dele tributo,
Que de qualquer trabalho sempre o quer.
Se saímos de aqui a pé enxuto,
Farei como homem, vós como mulher,
De outrem será a enveja, e nosso o fruto.
(Lido aqui: Árvore de Letras)
de Manuel Soares de Albergaria
Crescei, meu doce amor, minha Pereira,
Na devação que tendes a João,
Que inda podeis dar fruto temporão
Se acaso vos fazeis são joaneira.
Se não fora essa grade e a porteira,
Eu vos dera um enxerto de enche-mão,
Com o qual o travesso hortelão
Dá c'o ninho dávesso de uma freira.
Porém quando vos eu tal garfo der,
Haveis de dar a Amor dele tributo,
Que de qualquer trabalho sempre o quer.
Se saímos de aqui a pé enxuto,
Farei como homem, vós como mulher,
De outrem será a enveja, e nosso o fruto.
(Lido aqui: Árvore de Letras)
terça-feira, abril 29, 2014
O aroma do alento
O aroma do alento
Trá-lo de suão o vento,
Mas no Alentejo dos temperos
Encontra-lo num raminho de coentros.
António Orla
sexta-feira, abril 25, 2014
Os vampiros (José Afonso - Sérgio Godinho)
(Fotografia de António Luís Sousa)
O último concerto de Zeca Afonso em 29 de Janeiro de 1983, no Coliseu
Temáticas:
Actualidade,
Música,
Portugal
quinta-feira, abril 24, 2014
Acta de Abril (ainda por aprovar)
Acta de
Abril (ainda por aprovar)
Num país obscuro, numa exacta madrugada do vigésimo
quinto dia do quarto mês do ano de 1974, no Terreiro do Paço (posteriormente no
Largo do Carmo) e tendo a maioria cidadã recém-desoprimida, teve lugar o começo
de uma utopia florida a cravo vermelho.
Na impossibilidade de nomear todos os presentes,
identifica-se apenas o seu porta-voz:
Fernando José Salgueiro Maia.
Patente:
De cavalaria capitão.
Estiveram ausentes:
Todos os descrentes que em cada rosto existe
igualdade.
Ordem do dia:
1)
Restaurar a
liberdade;
2)
Recuperar a
dignidade;
3)
Reimplantar a
esperança;
4)
Readquirir o
direito a questionar em alta voz.
Todos os presentes efusivamente renegam o dia 24. A
emancipação de um povo saiu à rua. A imperfeição não se erradicou, apenas disso
ficou a sensação. A integridade voltou para os braços da sua mulher em Santarém.
E, nada mais havendo a tratar, foi lavrada a presente
acta que, nunca será lida nem aprovada, muito menos vai ser assinada pelo
actual Presidente da República, apenas por mim, um sonhador, na qualidade de
secretário, que a redigi.
terça-feira, abril 22, 2014
terça-feira, abril 15, 2014
domingo, abril 13, 2014
James Dean (1954)
segunda-feira, abril 07, 2014
Sul (Jorge Fallorca)
Memória descritiva
O Sul não existe.
E ninguém o explicou melhor que Montalbán.
Terá sido inventado pelos povos do Norte, e posto à venda pelas agências de viagens.
Também não fui indiferente ao Sul.
Mesmo que ele não fosse mais do que uma palavra.
Ataviei-me de cores e de cheiros minuciosamente elaborados na Beira, e parti para o Algarve.
O Sul.
Cedo me dei conta de que havia mais sul a Sul.
Mas apenas transpus o Estreito, seguindo a rota delineada pelos profetas da minha geração.
Paradoxalmente, esse outro Sul, a sul das praias de Tarifa, apenas me devolvia ao Norte.
Neste caso, o de África.
Os labirintos sempre me fascinaram, mas eu preferia mil vezes partir à procura do fim do arco-íris, do que decantar os vasos comunicantes do horizonte.
Jorge Fallorca
[Longe do mundo; frenesi, 2004]
O cheiro dos livros é o blogue de Jorge Fallorca, que infelizmente morreu há poucos dias. Vale a pena visitá-lo, a sério.
Sul
O Sul não existe.
E ninguém o explicou melhor que Montalbán.
Terá sido inventado pelos povos do Norte, e posto à venda pelas agências de viagens.
Também não fui indiferente ao Sul.
Mesmo que ele não fosse mais do que uma palavra.
Ataviei-me de cores e de cheiros minuciosamente elaborados na Beira, e parti para o Algarve.
O Sul.
Cedo me dei conta de que havia mais sul a Sul.
Mas apenas transpus o Estreito, seguindo a rota delineada pelos profetas da minha geração.
Paradoxalmente, esse outro Sul, a sul das praias de Tarifa, apenas me devolvia ao Norte.
Neste caso, o de África.
Os labirintos sempre me fascinaram, mas eu preferia mil vezes partir à procura do fim do arco-íris, do que decantar os vasos comunicantes do horizonte.
Jorge Fallorca
[Longe do mundo; frenesi, 2004]
O cheiro dos livros é o blogue de Jorge Fallorca, que infelizmente morreu há poucos dias. Vale a pena visitá-lo, a sério.
A ti me confesso converso.
Como começar um verso
que não tem passado
nem futuro?
Com o presente da incerteza
ou com a delicadeza do acaso,
Furtuito e furtivo,
Em cada minuto que vivo
Anelando
Uma qualquer paz perspicaz?
Todo o universo não cabe num verso.
Um verso, uno, dificilmente divisível,
Jaz fraccionado pelo ego e seu manejo.
À nossa frente está o acidente do presente.
Não há verso, reverso, perverso… incontrolado.
Fernando. Onde estás travesso?
- Aqui, de pé, cómodo encostado à cómoda.
Ouço alguém a entrar e fechar a porta.
A oportunidade, mãe de verdade, tem tendência à orfandade.
Não quero ar fresco. Gosto de ambientes tétricos. Ridículos.
Do outro lado está o mistério métrico dum verso.
Ansiando um começo, tropeço, em mim mesmo, e escrevo:
Prosa, a ti os meus versos devo.
que não tem passado
nem futuro?
Com o presente da incerteza
ou com a delicadeza do acaso,
Furtuito e furtivo,
Em cada minuto que vivo
Anelando
Uma qualquer paz perspicaz?
Todo o universo não cabe num verso.
Um verso, uno, dificilmente divisível,
Jaz fraccionado pelo ego e seu manejo.
À nossa frente está o acidente do presente.
Não há verso, reverso, perverso… incontrolado.
Fernando. Onde estás travesso?
- Aqui, de pé, cómodo encostado à cómoda.
Ouço alguém a entrar e fechar a porta.
A oportunidade, mãe de verdade, tem tendência à orfandade.
Não quero ar fresco. Gosto de ambientes tétricos. Ridículos.
Do outro lado está o mistério métrico dum verso.
Ansiando um começo, tropeço, em mim mesmo, e escrevo:
Prosa, a ti os meus versos devo.
quarta-feira, abril 02, 2014
Câmara fotográfica de Miroslav Tichý
domingo, março 30, 2014
quinta-feira, março 27, 2014
Diário I: A minha aparição, nesta linha onde o Bexiguinhas matou aquela galinha.
“E, todavia como é difícil explicar-me! Há no homem o dom perverso da banalização. Estamos condenados a pensar com palavras, a sentir com palavras, se queremos pelo menos que os outros sintam connosco. Mas as palavras são pedras.”
Vergílio Ferreira, Aparição
Sento-me aqui nesta linha e recordo.
(Uma linha de pouco serve
Se se sentencia tudo pela mesma bitola)
Pé ante pé, na ferrugem do carril
Da largura da minha sola de sapato
Como percorri gerações de caminhos
De ferro por onde já poucas vezes passam
Comboios, automotoras, dresines.
Gente.
Todas as infâncias têm um descampado.
Algumas têm uma linha.
O meu passado escampado
Tem uma cabana,
A morte num cão, uma campa
Florida, rendida à inocência de dois irmãos e uma
vizinha.
Tem uma raposa morta,
Uma salta-pocinhas escalpada
Da curiosidade esfolada à putrefacção.
Tem cardos. Tem fardos na paisagem seca da eira.
Mas tem pistas, montes, barrancos de bmx,
(Identificadas com esponjas no volante, cobertas com napa
agarradas ao velcro)
Território ocupado pela gaiatagem do bairro que tanto
Atraiu outros ao seu território, atraiu a passar a linha.
As batalhas fronteiriças resolviam-se à pedrada,
A munição mais à mão de semear
Imperfeita como paralelos mas ótima para arremessar.
Não participei nestas épicas batalhas de joelheiras nas
calças sem marca de ganga.
Não tinha idade, nem cabedal de fisga, para me alistar.
A salvo, pela linha, não fugi para casa, fiquei a observar
Camaradas a apedrejar pelo que era seu,
Sustido por carris aparafusados a travessas secas,
Manchadas a óleo
Das engrenagens do comboio.
Para que esta crónica seja digna
Encontrar-lhe-emos um prego,
Com um número qualquer
De dois algarismos.
Do maquinista que percorre a linha nasceu este cronista.
Montado no seu cavalo de ferro
Trazia para casa o bom cheiro
Que leva o que leva o viajante.
O cheiro do maquinista que, como aqui escrevo, conquista
O direito a apear-nos sãos e salvos, mais ricos.
O descampado não tinha trabalhos de casa. Já tinham que
estar feitos e sem nenhum trauma.
Tinha a odisseia da feia vegetação e do entulho ilegal
que todos entulhávamos e com o qual coexistíamos. Era esse o ambiente dos
guardiães da linha.
Esta não seria a mesma sem um quarteto fantástico, como o
que lia em bandas desenhadas brasileiras, mas americanas, com as minhas ilusões
de heroísmo.
Eu. Um amigalhaço de bombeiros. Amigalhaço (amizade forte
como o aço).
Com o Carlos. O melhor amigo que o Karate Kid podia ter.
E dois gémeos. Diferentemente iguais. Arqui-inimigos de
primária sem os quais o meu heroísmo de bd não podia viver.
Como havia tanto amor em não suportar essas almas.
O Nuno Gémeo era para sempre o meu colega de carteira e
certeiro com o seu sorriso que melhor me faz. (desculpa a camisa rasgada na
emboscada na entrada da casa, dos prédios da caixa, da avó do Caíta)
O Luís Gémeo, irrequieto e desperto, colecionador de
sacos de plástico de giz. (a professora ficou espantada depois de dizer:
- tragam todo o giz que tiverem em casa!
E aí a deixaste plantada, com a sinceridade de criança
num saco de plástico cheio de cal branca com o qual escreveste esse episódio)
Lembras-te quando sacaste o corta-unhas (com capa grilos)
ao Carlos? Que violência tão descarada! Como a espessura da tua juba, louca,
adjectivo da pluralidade da nossa puerilidade.
A linha do nosso descampado unia todos. Une. Mesmo a
linha ténue da memória. Da estação até Mora, Estremoz, Portalegre, ou até qualquer um de
nós. Apeava e albergava um Carlos, um Luís, dois gémeos. Traçava a boa saúde de
um bairro e parecia-nos, diante dos olhos, nos delinear a infância,
dando-nos, ao mesmo tempo, hora a hora, um comboio para sair.
Eu saí. Apanhei o Lusitânia.
Mas continuo convosco sentado naqueles montes de torrões.
Naquela terra.
A contarmos vagões.
Um. Dois. Três com a sigla da CP.
À frente conduz o meu pai. Esperamo-lo no descampado.
Olha pá, o Sr. Pinto acenou-nos descansado.
Tem a certeza que já fizemos o ditado
Porque esse era o nosso TPC.quarta-feira, março 26, 2014
ABRIL por Luis Leal (artigo para "Moñino Times", 2014)
No es
la primera vez que escribo sobre abril. Ni la segunda, y no me parece que vaya
a ser la última. No escribo sobre el cuarto mes del año, ni de su perspectiva
en el calendario, de cómo puede tener aguas mil o primaverales sonrisas
abiertas por días soleados. Eso tiene que ver con milenios de herencia climatológica
y no se puede confundir con este Abril de la “ternura de los cuarenta” o,
teniendo en cuenta la coyuntura actual, el Abril de la crisis de los cuarenta,
como le venden la moto, sin que le haga falta probar que mantiene su espíritu original.
Seguro
que, los más atentos, o los que conozcan un poco del siglo XX portugués, sabéis
que escribo sobre “otro” Abril, que me atrevo a escribir con mayúscula, quizás
más lírico que primaveral, un Abril florido por la libertad agarrada, con el
puño cerrado, a un clavel. Eso se pasó hace precisamente cuatro décadas, en el
25, ese clavel salió a la calle y acabó con una de las dictaduras más largas
del último siglo.
Portugal,
este país aquí al lado, este hermano de raya recortada de 1234 km dibujada a lo
largo de ocho siglos, es evidentemente pequeño y residual para la economía mundial.
Se caracteriza por PIBs y presupuestos generales raros, rectangulares (como la forma
geográfica que adoptó como su frontera, la más antigua de Europa), con crisis anacrónicas
que insisten en seguir en el orden del día (al mismo tiempo tan útiles para
justificar desigualdades que se perpetúan en su DNA sociocultural), pero a esto
se junta un efecto antiinflamatorio y baños de iodo en un atlántico paliativo
vigilado por Fátima, la virgen vigilante de la playa.
Si
hablamos en estos términos tan de moda de macroeconomías (léxico de microespíritus y empatías
deficitarias), potencias, tipo G7 (una menos, porque estamos enfadados con la
Federación Rusa), el país vecino no se impone. La única G que conoce es de la
ametralladora G3, recuerdo del estrés postraumático del Ultramar, herida
abierta obligada, infectada, o, en buen día, en un ambiente de optimismo que no
abunda hoy en día en el seno de Troikas, FMIs o austeridades, le podrá recordar
que esa misma arma fue callada por claveles rojos, sin ideología pero de
esperanza.
Es en
este ámbito que Portugal se puede imponer. Con su cultura, su historia real, no
solamente trágica, para justificar un “fado” patrimonio intangible de la
humanidad, el lirismo es igual de intangible y su insolvencia mata tanto como
la escasez de pan.
Hace
cuarenta años, este pequeño país amordazado devolvió la esperanza de libertad a
una península sumergida, aislada, por dos regímenes cómplices, pero,
convenientemente, de espaldas.
Hace
cuarenta años, en una mañana fría de abril, según los versos de Pedro Ayres de Magalhães, “un gesto puro coincidió con la
multitud que todo esperaba y descubrió que la razón de un pueblo entero lleva tiempo
a construirse”.
Hace
cuarenta años, quien vivió Abril, se acostaba con la sensación que había
cambiado el mundo. La historia hoy nos dice que sí. Es verdad. La gente ya podía
ver en los cines la violencia “for the sake of violence” de “La Naranja
Mecánica”, el erotismo de mantequilla de “El Último Tango en París” y, también,
el sentido común de Burt Lancaster en “El Gatopardo”.
Se pasaron
cuarenta años. El gesto puro creció y una multitud centrífuga le apartó de su
esencia. Es decir, emigró. La esperanza se fue con el huracán Maddof (de los
mercados), pero en facebook dijeron que algunos pelos se quedaron en los árboles.
Pronto se esperan más tweets.
Sin
embargo, yo sigo aquí, delante del ordenador, seguro que escribo sobre un Abril
portugués, pero con la sensación que, si TVE me llamara, sería capaz de hacer una
transición democrática para un episodio de “Cuéntame”, hacer el puente con la
realidad de la simpática familia Alcántara.
quinta-feira, março 20, 2014
segunda-feira, março 17, 2014
El reloj de la biblioteca
En
la pared de la biblioteca,
Las
agujas del reloj se vuelven atrás.
El
defectuoso mecanismo,
[Crónico],
Me
obliga a aceptar,
[Colgado],
Que el
pasado
Es evidente
delante de nuestros ojos.
Todo
este tictac,
Viajero
en el tiempo,
Me
despierta,
Como
una aguja que me pincha,
Con
el dolor
De no
poder volver atrás.
Abrazar
tu olor.
Pero,
lo peor,
Es que
este reloj
No tiene
futuro.
Ni
esperanza de arreglo.
Pues
no merece la pena
Invertir
tiempo en el tiempo.
Definição de lirismo
Li-ris-mo:
(substantivo masculino)
Hipotecar-se para que a sua poesia possa publicar-se.sexta-feira, março 14, 2014
Dois cacófatos numa quadra brasileira
quinta-feira, março 13, 2014
domingo, março 09, 2014
sexta-feira, fevereiro 28, 2014
domingo, fevereiro 23, 2014
Um desenho de Paulo Ito
Temáticas:
Artes Plásticas,
Bicicletas
sábado, fevereiro 22, 2014
Câmeras fotográficas antigas #2: 1880-1900
Nas últimas décadas do século XIX as câmeras fotográficas evoluíram bastante e tornaram-se mais pequenas, mais leves e mais acessíveis. Um dos factores por trás desta evolução foi o aperfeiçoamento das chapas e das emulsões sensíveis; o outro chamou-se George Eastman. Este é o segundo artigo dedicado às câmeras fotográficas antigas.
Obvious (tem também o primeiro artigo)
Obvious (tem também o primeiro artigo)
sexta-feira, fevereiro 21, 2014
A uma quadrada pedra que apanhei e me acompanha no caminho...
A Pedro L. Cuadrado.
Que nunca quis ser meu mestre,
mas sim meu amigo…
Não há forma mais humilde de mestria.
33 anos nos separam desde o meu
berço.
É a única raia, certificada,
que entre nós existe.
O nó cego, esse, bem penteado,
não se desate,
não desaperte a corda atada a
Pedro, minha
pedra, papel, pilar lírico de
apontamentos
na margem esquerda do livro, o
lembrete,
a lápis que não rejeita um
verso, quanto
mais três, a quem quer que por
bem vier.
A mestria da grandeza do
infinito é subtil,
e inútil, convenhamos. Adversa
à rima,
à métrica, a cartesiana
estética do útil
não nos faz advir sem a tétrica
do contratempo.
Encurtam-se braços de abraços.
Apartam-se pedras
de sendas angulares e, a
paisagem, essa, paupérrima.
(Sem que de isso, uma inteira
existência, nos tenhamos dado conta. Passa-se e não nos apercebemos que os
melhores pilares são feitos de pedra. Granito frio, extraído em Zamora e
trabalhado por mães de artesãos salmantinos. A erosão do tempo foi-o levando
rumo ao sul… onde, como dizia Gedeão, “me sento e descanso”)
quinta-feira, fevereiro 20, 2014
Carta ao Pai (Fernado Tordo)
Seguem-se as linhas que o escritor João Tordo dedicou em carta ao seu pai, o músico Fernando Tordo, que aos 65 anos, emigrou para o Brasil.
" Ontem, o meu pai foi-se embora. Não vem e já volta; emigrou para o Recife e deixou este país, onde nasceu e onde viveu durante 65 anos.
A sua reforma seria, por cá, de duzentos e poucos euros, mais uma pequena reforma da Sociedade Portuguesa de Autores que tem servido, durante os últimos anos, para pagar o carro onde se deslocava por Lisboa e para os concertos que foi dando pelo país. Nesses concertos teve salas cheias, meio cheias e, por vezes, quase vazias; fê-lo sempre (era o seu trabalho) com um sorriso nos lábios e boa disposição, ganhando à bilheteira.
Ontem, quando me deitei, senti-me triste. E, ao mesmo tempo, senti-me feliz. Triste, porque o mais normal é que os filhos emigrem e não os pais (mas talvez Portugal tenha sido capaz, nos últimos anos, de conseguir baralhar essa tendência). Feliz, porque admiro-lhe a coragem de começar outra vez num país que quase desconhece (e onde quase o desconhecem), partindo animado pelas coisas novas que irá encontrar.
Tudo isto são coisas pessoais que não interessam a ninguém, excepto à família do senhor Tordo. Acontece que o meu pai, quer se goste ou não da música que fez, foi uma figura conhecida desde muito novo e, portanto, a sua partida, que ele se limitou a anunciar no Facebook, onde mantinha contacto regular com os amigos e admiradores, acabou por se tornar mediática. E é essa a razão pela qual escrevo: porque, quase sem o querer, li alguns dos comentários à sua partida.
Muita gente se despediu com palavras de encorajamento. Outros, contudo, mandaram-no para Cuba. Ou para a Coreia do Norte. Ou disseram que já devia ter emigrado há muito. Que só faz falta quem cá está. Chamam-lhe palavrões dos duros. Associam-no à política, de que se dissociou activamente há décadas (enquanto lá esteve contribuiu, à sua modesta maneira, com outros músicos, escritores, cineastas e artistas, para a libertação de um povo). E perguntaram o que iria fazer: limpar WC e cozinhas? Usufruir da reforma dourada? Agarrar um "tacho" proporcionado pelos "amiguinhos"? Houve até um que, com ironia insuspeita, lhe pediu que "deixasse cá a reforma". Os duzentos e tal euros.
Eu entendo o desamor. Sempre o entendi; é natural, ainda mais natural quando vivemos como vivemos e onde vivemos e com as dificuldades por que passamos. O que eu não entendo é o ódio. O meu pai, que é uma pessoa cheia de defeitos como todos nós – e como todos os autores destes singelos insultos –, fez aquilo que lhe restava fazer.
Quer se queira, quer não, ele faz parte da história da música em Portugal. Sozinho, ou com Ary dos Santos, ou para algumas das vozes mais apreciadas do público de hoje – Carminho, Carlos do Carmo, Mariza, são incontáveis –, fez alguns dos temas que irão perdurar enquanto nos for permitido ouvir música.
Pouco importa quem é o homem; isso fica reservado para a intimidade de quem o conhece. Eu conheço-o: é um tipo simpático e cheio de humor, que está bem com a vida e que, ontem, partiu com uma mala às costas e uma guitarra na mão, aos 65 anos, cansado deste país onde, mais cedo do que tarde, aqueles que o mandam para Cuba, a Coreia do Norte ou limpar WC e cozinhas encontrarão, finalmente, a terra prometida: um lugar onde nada restará senão os reality shows da televisão, as telenovelas e a vergonha.
Os nossos governantes têm-se preparado para anunciar, contentíssimos, que a crise acabou, esquecendo-se de dizer tudo o que acabou com ela. A primeira coisa foi a cultura, que é o património de um país. A segunda foi a felicidade, que está ausente dos rostos de quem anda na rua todos os dias. A terceira foi a esperança. E a quarta foi o meu pai, e outros como ele, que se recusam a ser governados por gente que fez tudo para dar cabo deste país – do país que ele, e milhões de pessoas como ele, cheias de defeitos, quiseram construir: um país melhor para os filhos e para os netos. Fracassaram nesse propósito; enganaram-se ao pensarem que podíamos mudar.
Não queremos mudar. Queremos esta miséria, admitimo-la, deixamos passar. E alguns de nós até aí estão para insultar, do conforto dos seus sofás, quem, por não ter trabalho aqui – e precisar de trabalhar para, aos 65 anos, não se transformar num fantasma ou num pedinte –, pegou nas malas e numa guitarra e se foi embora."
João Tordo
in PÚBLICO, 19/02/2014
terça-feira, fevereiro 18, 2014
Amor
O amor não se encontra. Faz-se.
Respira-se, transpira-se, chora-se, ri-se.
Nasce e morre.
O amor não tem primeira,
Nem última vista. É míope.
Vê melhor ao perto que ao longe.
O amor não tem idade.
Aprendes a relativizar
Na infantil maturidade.
E, com sorte,
Antes que te separe a morte,
Rir-te-ás com humor de velho
(cúmplice de ti mesmo
numa gargalhada rouca de companhia
daquele com quem pudemos ter
a última conversa do dia).
O amor é aquilo que se vai fazendo dele.
Em português são quatro letras
Para cinco sentidos
E apenas uma vida.
domingo, fevereiro 09, 2014
segunda-feira, fevereiro 03, 2014
Uma questão de costumes (Fernando Campos)
Drummond e O'Neill
Só pelo acaso é que aparecem aqui estes poemas de Drummond e O'Neill. Bem-vindos sejam sempre estes dois poetas às nossas mãos.
JANELA
Tarde dominga tarde
pacificada como os atos definitivos.
Algumas folhas de amendoeira expiram em degradado vermelho.
Outras estão apenas nascendo,
verde polido onde a luz estala.
O tronco é o mesmo
e todas as folhas são a mesma antiga
folha
a brotar de seu fim
enquanto roazmente
a vida, sem contraste, me destrói.
Carlos Drummond de Andrade
Lição de coisas (1965)
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Ainda prefiro os bonecos de cachaporra,
contundentes, contundidos, esmocados,
com vozes de cana rachada e um toma toma toma
de quem não usa a moca para coçar os piolhos,
mas para rachar as cabeças.
O padreca, o diabo, a criadita,
o tarata, a velha alcoviteira, o galã
e, às vezes, um verdadeiro rato branco trapezista,
tramavam para nós a estafada estória
da nossa própria vida.
Mundo de pasta e de trapo
que armava barraca em qualquer canto
e sem contemplações pela moral de classe
nem as subtilezas de quem fica ileso
desancava os maus e beijocava os bons.
Ainda prefiro os bonecos de cachaporra.
Ainda hoje esbracejo e me esganiço como esses
matraquilhos da comédia humana.
Alexandre O'Neill
A saca de orelhas (1979)
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